“Mi futuro está en sus manos”; algo así es lo que piensan muchos candidatos cuando están en una entrevista de trabajo y tienen en frente a quien va a valorar su candidatura. Es posible que la decisión de esa persona pueda marcar nuestra vida profesional e incluso laboral pero no mucho más de lo que la elección del entrevistador puede afectar al funcionamiento de un equipo de trabajo, de un departamento o incluso de una empresa.
Hacer una buena entrevista de trabajo no es fácil: tanto para el entrevistado como para el entrevistador supone un gran reto. El primero quiere ser seleccionado (aun cuando no le interese demasiado el puesto a cubrir) y el segundo busca obtener información valiosa que le permita incorporar a la plantilla de una determinada empresa a la persona ADECUADA.
Un candidat@ será el adecuado cuando, además de contar con los conocimientos formales y experiencia requerida, suma una serie de habilidades y competencias trasversales no sólo coherentes con la cultura de la empresa sino acordes y afines con las características de un determinado grupo de trabajo (con las peculiaridades típicas de cada uno de sus integrantes).
¿Qué ocurre si el candidato no realiza bien su entrevista? Obviamente, que tiene pocas posibilidades de acceder al puesto demandado. Y, ¿qué ocurre si quien no hace bien su trabajo es el entrevistador? El abanico de posibilidades es amplio ya que puede variar desde un despido rápido y sin apenas repercusión (un “no superado el periodo de prueba” que pone en duda la profesionalidad de quien le seleccionó) hasta poner en peligro la armonía de un equipo de trabajo, la relación con algún cliente e incluso “el bolsillo” de la empresa.
Cualquier organización, especialmente si es pequeña o mediana empresa, depende de la cualificación y actitud de sus trabajadores por lo que hacer una buena selección es primordial para la consecución de sus objetivos.
¿Qué te quiero contar con esto? Que en una entrevista de trabajo ambas partes se pueden jugar mucho por lo que es importante que seas consciente de que has de “enfrentarte” a ella desde una posición de igualdad con respecto al entrevistador o entrevistadora.
Si tienes buen perfil y confías en ti y en lo que puedes aportar la entrevista se convierte en un intercambio de conocimientos e impresiones para descubrir (por ambas partes) el grado de afinidad que existe.
El hecho de no ser seleccionado no significa necesariamente que no hayas realizado correctamente la entrevista o que “no valgas” para el puesto. En muchas ocasiones además de los requisitos formales existen otros más informales que son determinantes en la selección. Por ejemplo, se puede valorar positivamente el hecho de ser una persona tranquila porque el equipo de trabajo de destino no lo es y se busca equilibrar caracteres o pueden ser determinantes determinados hobbies por tener más afinidad con la clientela de la empresa.
La idea esencial que te queremos trasladar es que te ocupes de que tu perfil sea muy atractivo a través de la formación, redes, experiencia, habilidades y capacidades, etc. y que entiendas la entrevista de trabajo como un intercambio de información entre dos partes que se valoran y respetan.