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“Hacerse un Lopetegui”

Cuando en el mercado laboral hay movimiento, incorporaciones nuevas, cambios laborales… es buena señal, el crecimiento está ahí. Del mismo modo que cuando en el entorno económico-financiero hay movimiento de dinero, compara-venta de inmuebles, movimiento en bolsa… es buena señal, el crecimiento está ahí.

En ambas situaciones hay que ir con cuidado. Una mala venta, una mala compra puede suponernos un perjuicio económico del que podemos tardar más o menos tiempo en recuperarnos.

Si hablamos del mercado laboral, el margen de error es menor. Nuestro sustento está en juego.

El alma de cualquier empresa es la misión, visión y valores. Cuando una nueva persona se incorpora a la empresa lo hace tras analizar la oferta y, sobre todo, la Responsabilidad Social Corporativa (RSC). Si cuando llega se encuentra con que sus valores no encajan en la cultura corporativa puede ser o bien porque hizo la búsqueda de manera incorrecta o porque los valores que venden no se ajustan a la realidad.

La consecuencia inmediata es que el candidato pierda la fe en las empresas y los valores que dicen tener. También pude pasar que tengamos miedo, normalmente por la poca experiencia, a cambiar o dejar ese puesto de trabajo y no salgamos de esa zona de confort en mucho tiempo y marque nuestra trayectoria profesional.

Un profesional posicionado que por múltiples razones desea o se ve obligado a cambiar de empresa, hacerlo bien es fundamental.

Los consejos de un buen abogado laboralista son esenciales. Tal y como nos explicará en la próxima publicación José Ramón Mínguez, socio del Bufete Barrilero, donde destacará las recomendaciones legales básicas en un proceso de salida o en un proceso de fichaje por una nueva empresa.

Cuestiones como los pactos de no competencia, las cláusulas de blindaje, el modelo retributivo o las controvertidas teorías del vínculo laboral, son esenciales en estos procesos para evitar sorpresas como las del ilustre entrenador.

En un proceso de recolocación o Outplacement, desde Erkoreka Consultores aconsejamos que mientras el profesional está en la primera empresa, sin abandonar las funciones ni responsabilidades laborales, negocie (personalmente o a través de un intermediario) con la segunda empresa.

Antes de dejar la primera empresa el profesional debe tener un pre-contrato ya negociado (puesto, funciones, responsabilidades, retribuciones fija y variables, bonus, vacaciones, extras, etc.) por escrito y firmado por ambas partes con una fecha aproximada de incorporación.

El profesional debe despedirse de la primera empresa por escrito y con el tiempo que marca la ley como mínimo, alegando los motivos profesionales y/o familiares que le llevan al cambio. En algunos casos el profesional recibe una contra-oferta, está en su mano aceptarla o no, pero los pasos a seguir son los mismos. Nueva oferta por escrito y firmada y denegar la propuesta de la segunda empresa también por escrito alegando los motivos.

Si el profesional decide dar el salto y aceptar la propuesta de la segunda empresa y realiza la transición de acuerdo con la ley y de manera civilizada, educada, con empatía. El cambio se realizará sin enfados (por lo menos justificados) y de una forma natural.

Durante un tiempo (en algunos casos no son días ni semanas sino meses) el profesional tendrá “dos opciones laborales”, pero estamos hablando de “profesionales”. Por lo tanto, el talento, la responsabilidad por el trabajo bien hecho y las funciones estarán al servicio de la primera empresa, de la empresa que paga la retribución a cambio de trabajo al profesional.

Una empresa cuando quiere incorporar un trabajador a sus filas en sustitución de otro profesional ¿Cómo actúa? Bien través de su departamento de recursos humanos o bien a través de un headhunter busca un profesional adecuado al perfil que necesita o quiere sustituir.

Normalmente la empresa no prescinde del primer empleado hasta que no tiene el sustituto. Este es el comportamiento habitual, ¿no? Lo denominaríamos empoderamiento de empresa. La empresa es la que decide. Bien. ¿Por qué no empoderamos al profesional? ¿Por qué no es lícito que un profesional busque o le busquen otro empleo mientras está en activo? ¿Debe esperar a estar desempleado? “Hacerse un Lopetegui” no es inmoral, ni poco ético, ni ilegal, es moverse con el mercado laboral. ¿Por qué no vas a aceptar las condiciones favorables (económicas, funciones, dimensión de empresa, ubicación geográfica,..) que te ofrece una empresa?

Si tuvieses la oportunidad, ¿Dejarías pasar la ocasión de “Hacer un Lopetegui”?

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