Lo dejamos en el aire la semana pasada. Todos los analistas del mercado de trabajo están de acuerdo y las empresas lo suscriben.
Uno de los mayores retos de las empresas en este 2017 será la de hacer frente a la escasez de talento. Quizás no sea tanto escasez sino falta de visibilidad del mismo; el talento está ahí pero quien lo tiene no lo muestra ni en su currículum, ni en las redes ni en las entrevistas. ¿Por qué? Probablemente porque quien busca empleo no es consciente de ser talentoso, no lo valora o incluso piensa que es más un punto débil que uno fuerte.
El talento suele estar asociado a la habilidad innata y a la creación, aunque también puede desarrollarse con la práctica y el entrenamiento. Todos tenemos algún talento, seguro; la clave está en encontrarlo, valorarlo y desarrollarlo.
Aunque te resulte extraño el talento tiene mucho que ver con el fracaso, más concretamente, con la capacidad de gestionar el fracaso.
En Estados Unidos hay muchos proyectos y candidatos avalados y valorados después de exponer fracasos y aprendizajes; para que haya éxito también ha de haber fracaso o, mejor dicho, resultado no esperado.
Por ejemplo, hablar de experiencias profesionales anteriores que no cumpliesen con las expectativas (incluso desagradables) se ve como una muestra de debilidad cuando bien enfocado y expuesto puede ser un valor añadido que te diferencie de la competencia. Es más, puede ser el asomo de un talento.
Puede parecer un concepto genérico y ambiguo pero lo cierto es que el talento en una empresa es algo así la potencia para un coche. Así es, una empresa será más innovadora y tendrá más éxito cuanto más potentes sean las capacidades de sus integrantes.
De acuerdo al informe Anual de Tendencias en Recursos Humanos de Randstad Research, tres de cada diez empresas aseguran que ya están teniendo problemas para encontrar el trabajador idóneo.
En otra ocasión hablaremos sobre lo que busca un profesional con talento en la empresa: hoy nos centraremos en qué es lo que la empresa entiende por talento.
Más allá de la definición de la RAE (que entiende el talento como la capacidad de entender y desempeñar algo) podemos hablar de otros añadidos que la empresa incorpora al término.
Así, se habla de talento como la suma de, al menos, una habilidad identificable y tangible más la capacidad de convertir esa habilidad en valor más una actitud positiva y proactiva.
Un trabajador engaged es una persona que está totalmente implicada en su trabajo y entusiasmada con él. Cuando tiene oportunidad, actúa de una forma que va más allá de los intereses de su organización. Este término podemos traducirlo como compromiso y viene acompañado de emociones positivas, feedback efectivo y pasión. De ahí que en muchas entrevistas se incida tanto en saber los valores y creencias del candidato. La implicación real en una actividad laboral pasa porque los valores del trabajador y de la organización sean iguales o compatibles.