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¿Qué supone tener un empleo?

Hay quien piensa que aquella repetida frase de Karl Marx “El trabajo dignifica al hombre” no es más que un propaganda. Ven al trabajo como un mero medio para conseguir recursos materiales que a su vez generen otro tipo de satisfacciones y cubran otras tantas necesidades más o menos básicas.

Es una opinión respetable y coherente con la dinámica que en muchos sentidos ha tomado el mercado laboral.  En este post vamos a darle un enfoque más personal y profundo. Bien es cierto que el trabajo nos genera recursos materiales pero no menos cierto es que además de ello es una fuente insaciable de todo tipo de satisfacciones e insatisfacciones. Si únicamente lo percibiésemos como un medio material carente de significado personal muchos de los acontecimientos relevantes en la vida de la persona (conflictos, resultados, relaciones, etc.) no existirían y, hasta el momento, no es así.  Las ganas de superación, el esfuerzo, el trabajo en equipo, las promociones, las ganas de formarse y aprender, la disciplina y el reiterado desarrollo de competencias personales y profesionales son un vivo reflejo de que el trabajo puede dignificar, o lo que es lo mismo, honrar y distinguir al ser humano.

Generalizar tiene sus taras pero no olvidemos que, detrás del trabajo se genera valor añadido. Profesionales que enseñan, curan, acompañan, cuidan, aportan, previenen, informan, etc. hacen del trabajo un factor relevante de mejora individual y social.

Son muchas las personas que estando en situación de desempleo y cobrando una prestación hablan de que más allá de las necesidades económicas quieren sentirse útiles y para ell@s una persona útil es aquella que genera a través de su esfuerzo algún valor y que, por el mismo, obtiene una contraprestación económica. Ese salario es el que le permite saborear no sólo lo que come y bebe sino un sentimiento de satisfacción por haberse suministrado a sí mism@ todo cuanto necesita.

Es verdad que hay mucho que avanzar en lo que a condiciones laborales se trata; no estamos como para tirar cohetes. Eso no impide ser conscientes de que a lo largo de los tiempos el ser humano ha tenido instintos de superación y el trabajo ha sido uno de los motores que nos han traído hasta aquí; con lo bueno y con lo malo.

Trabajar en lo que a uno le gusta (o, por lo menos, no le disgusta) no es fácil, tiene un precio que merece la pena pagar si lo que de verdad buscamos es implicar nuestro tiempo de vida en algo positivo para nosotros. El trabajo nunca dignificará si, de partida, lo que hacemos no encaja con nuestros valores; sean los que sean.

Lo sé, trabajar en lo que te gusta no tiene prioridad frente al pago de una hipoteca o el cuidado de unos hijos. Cada persona sabe hasta dónde está dispuesta a “ceder” en función de sus necesidades y, por supuesto, eso tiene mucho que ver con las obligaciones y necesidades que se han querido contraer.

Al trabajo le pasa como a todo en la vida; dignifica o no en función de nuestro grado de percepción e implicación con ello.

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