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¿Qué tienen en común todos los trabajos del siglo XXI?

Vale, quizás hemos sido un tanto exagerados con el título; todos los trabajos a lo mejor no (¿o sí?) pero gran parte de los trabajos que existen en este momento y  aquellos que surgirán en los años venideros van a tener algunos nexos en común.

Todo parte de que en los últimos años la sociedad ha cambiado mucho y sus hábitos, propósitos, inquietudes y necesidades han ido evolucionando de tal manera que la percepción y realidad social y económica en relación al trabajo ya no es la misma.

Aunque nos parezca extraño, la percepción generacional ha ido cambiando y no es lo mismo la visión del trabajo recibida por la generación del 80, que del 90 o de décadas sucesivas. Todo ello afecta notablemente a la economía, tecnología, sensibilidades, formas de vivir y hábitos de consumo.

En relación a las  profesiones destacar que:

  • Muchos de los empleos actuales requieren de una mayor dosis de competencias personales que afectan notablemente al desempeño profesional; inteligencia emocional, comunicación, gestión del cambio, proactividad, resiliencia, etc. Todas estas competencias son progresivamente más demandadas y valoradas. ¿Por qué? Pues porque el mercado laboral, las organizaciones y sus resultados cada vez están más sujetos a entornos cambiantes y hostiles. La inmediatez es un valor en alza que se traduce y visualiza a través del grado de respuesta rápida y ágil que sepa dar cada uno de los profesionales a las necesidades, oportunidades y amenazas del día a día.
  • Aunque hay excepciones, como pueden ser  las cadenas de producción o determinados servicios, la  permanencia en el puesto de trabajo se convierte en una mera característica a valorar. Lo que se busca es la efectividad y el grado de desempeño y no tanto la mera presencia física en un espacio profesional. El tiempo cada vez cobra más importancia en la vida de las personas por lo que saber gestionarlo adecuadamente es una habilidad muy demandada entre reclutadores. La distribución horaria de la jornada, los encuentros profesionales e incluso el número de horas destinadas al trabajo son factores flexibles y adaptados a las necesidades del momento. Las nuevas tecnologías posibilitan estas aperturas. Manifestar “todo lo trabajador o trabajadora que soy porque meto todos los días  x horas extras” ya no es sinónimo de profesionalidad, quizás es más sinónimo de ineficacia (sin perjuicio de que, en algunas ocasiones verdaderamente sea necesario hacerlo).
  • Otro nexo en común lo encontramos es la actualización. Me explico, seguimos en la dinámica del “todo cambia” a la velocidad de la luz por lo que cualquier profesional ha de saber que lo que hoy sabe mañana puede quedarse obsoleto o no ser tan resolutivo como el entorno demanda. Gran parte del esfuerzo de un profesional ha de ir destinado a mantener sus habilidades y conocimientos “en forma”. Con ello, no nos referimos a que ha de saberlo todo sino que ha de estar al tanto de las novedades más relevantes que afecten a su labor y saber dónde encontrar la información y los procesos más veraces y ajustados a sus necesidades.
  • Por último y no menos importante, cada profesional ha de estar familiarizado y trabajar fluidamente con una serie de tecnologías más genéricas y otras herramientas digitales, etc. más concretas vinculadas a su profesión. Hay ocasiones en las que puede costar entablar buena amistad con algunas de ellas pero lo cierto es que en cuento “intimas” un poco logras darte cuenta de que pueden ser muy buenas amigas.

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