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Tu actitud determina tu marca personal

En los últimos tiempos todo el mundo habla de ella; quieres mejorar en algo, quieres conseguir tu objetivo, quieres relacionarte mejor con tu entorno, quieres…Para lo que quieras conseguir necesitas inevitablemente actitud. Podemos decir que la actitud es la predisposición que tenemos hacia algo o hacia alguien. Todos venimos con actitud “puesta de serie”; la clave está en tener la actitud adecuada o, lo que es lo mismo, positiva y proactiva.

En el proceso de búsqueda o cambio de empleo la actitud también marca la diferencia. Créeme que la actitud de una candidato o candidata en muchos casos ya se percibe en su currículum (y no es una exageración). En el currículum, en la contestación a la llamada para concertar la entrevista, en el primer contacto con quien selecciona, en el desarrollo de la entrevista y en la propia despedida la actitud es lo que marca la diferencia.

Hay candidaturas muy potentes (si valoramos la formación y la experiencia) que caen por su propio peso cuando no van acompañadas de una predisposición adecuada hacia quieres tienen en frente y hacia lo que se transmite.

Son muchas las personas que confunden los términos actitud con aptitud; la primera hace alusión a nuestra predisposición y la segunda hace referencia a nuestras habilidades y conocimientos para el desempeño de un determinado trabajo. Se puede tener una buena actitud pero no ser apto y a la inversa; ser apto pero tener una actitud negativa hacia el trabajo. Como ves, ambos aspectos son importantes aunque has de saber que las organizaciones tienen muy claro que la aptitud se puede modificar o mejorar más fácilmente que la actitud. La formación es una herramienta que muy potente para mejorar el grado de aptitud. Modificar la actitud es una responsabilidad personal e intransferible.

¿Cómo se detecta una actitud inadecuada?

Especialmente a través de la comunicación (tanto la verbal como la no verbal). Expresiones, contestaciones, miradas, silencios, tonos de voz, posturas y gestos son los verdaderos chivatos de nuestro perfil e interés por la oferta.

Habrás oído hablar de la famosa fórmula de la actitud de Victor küppers (V= [H+C]xA) en donde el valor que aporta una persona (en este caso, una candidato) es equivalente a la suma de sus habilidades y conocimientos multiplicada por la actitud. Las matemáticas no engañan; si la actitud es baja o nula ya sabemos de antemano el resultado (por muy buenas que sean las habilidades y los conocimientos).

En todos o casi todos los eventos de empleo aparece la actitud como un factor primordial para tener éxito en el mundo laboral y empresarial; ni las tecnologías, ni la formación, ni la experiencia le quita protagonismo.

Más allá de fórmulas y números lo cierto es que aprovechando el inicio de curso es muy oportuno incidir en la importancia de mantener una actitud positiva en el proceso de búsqueda de empleo (desde el inicio).

La actitud determina nuestra marca personal.

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