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Yo emprendería si…

Es una de las palabras del momento; “emprender”. Todo el mundo sabe lo que significa pero no todo el mundo es consciente de lo que supone. Emprender es empezar a hacer algo determinado (en este caso nos referimos a una actividad profesional) y requiere ciertas dosis de conocimientos, motivación, planificación, tenacidad, resiliencia, actitud positiva, proactividad y un largo etcétera para, por lo menos, comenzar con buen pie.

La verdad es que suena muy bien eso de poder dedicarte a lo que te gusta, ser tu propio jefe, administrarte como entiendas oportuno, ser dueño de tu tiempo y llenarte de orgullo cuando poco a poco vas consiguiendo tus propósitos. Cada euro que entra en tu bolsillo es fruto de tus capacidades, conocimientos y esfuerzo. Sería algo así como la cosecha de quien, con mimo, constancia y esfuerzo ha cultivado su huerto y recoge las mejores verduras y hortalizas.

Ciertamente, todo el esfuerzo merece la pena pero… ¿Y si la cosecha no es la esperada?, ¿y si ni siquiera hay cosecha esa temporada?  Algo así es ser emprendedor; una combinación mágica de saberes, esfuerzos y actitudes gestionadas con constancia, atención e ilusión a la espera de que se convierta en una realidad tangible.

Puedes ser la mejor opción pero aún no te han descubierto ¿Qué harás hasta que lo hagan? Ésta es la pregunta clave que has de hacerte si deseas emprender. Salvo excepciones, todo proceso emprendedor necesita tiempo, trabajo y grandes dosis de resiliencia y resistencia. Esta es la diferencia entre un emprendedor con posibilidades y un emprendedor con capacidades; no basta con saber, también hay que ser.

Los “saberes” te los puedes buscar; es muy importante estar formado, contar con experiencia y estar actualizado en el ámbito en que quieres emprender. Los “seres” te los has de suministrar tú mism@. Vas a necesitar ser positivo, comunicativo, asertivo, perseverante, paciente, creativo y resiliente.  Y no se puede delegar. Ahí es nada, algo así como un todo incluido a prueba de todo tipo de respuestas y acontecimientos (especialmente los tres primeros años).

¿Merece la pena? Por supuesto que sí. Si de VERDAD eres un poco consciente de lo que puede suponer emprender y, sobre todo, si quieres ser emprendedor porque lo sientes y deseas has de darte la oportunidad de conseguir tu sueño.

Ser emprendedor es un fin en sí, me explico; para que el proceso tenga más posibilidades de que salga bien es deseable que la motivación que nos lleve a ello sea interior y no exterior; que proceda de deseos, valores y formas de vida más que de tendencias, necesidades o presiones externas.  En el primer caso, la persona disfrutará más del camino y se verá compensada aun cuando inicialmente no haya rendimiento económico. En el segundo caso la frustración o la decepción pueden aparecer antes y serán más intensas. ¿Por qué? Pues porque en cada caso la motivación tiene tintes diferentes.

Todo el mundo puede emprender aunque no todo el mundo es emprendedor.

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