No te asustes, simplemente es una pregunta. La cuestión exactamente sería algo así como ¿Tu perfil profesional es renovable? Seguramente te estarás preguntando a qué me refiero con eso de “renovable”. Pues muy sencillo. Renovable hace alusión al concepto de renovarse y renovarse no es otra cosa que tener la capacidad de adaptarse a lo nuevo (convertirse en algo nuevo) y/o adquirir mayor validez. Si relacionamos este concepto al mundo del empleo la idea de renovación puede aplicarse al currículum vitae, a la capacidad de hacer una entrevista de forma diferente o a desempeñar un trabajo según las demandas actuales del mercado.
Una candidatura renovable es aquella que nunca se agota; sabe adaptarse a las nuevas demandas y lo hace con efectividad.
Un profesional renovable muestra las capacidades y la actitud necesarias para cambiar cuando sea necesario; su resistencia al cambio es reducida y entiende que forma parte de “juego laboral”,
Además, esa renovación se hace de forma sana y con alto grado de proactividad; las energías renovables son limpias y procuran dejar pocos “residuos” en su proceso renovador.
¿Cómo saber si una candidatura es “renovable”?. Hay muchas maneras de saberlo. En relación al currículum se pueden obtener muchas pistas observando la actualización de las formaciones, el grado de actividad que se realiza a través de redes, networking, etc. o valorando las diferentes tareas realizadas (y contingencias vividas) a través de su experiencia laboral.
Por otro lado, una buena herramienta para detectar al grado de renovación de la candidatura es la entrevista de trabajo. En este sentido hay una palabra que hoy en día ocupa muchos artículos vinculados al plan de carrera o desarrollo profesional; “toxicidad”.
¿Quién no ha oído hablar de personas tóxicas?, ¿Y de trabajadores tóxicos? Bien, en este sentido es importante saber que hay much@s profesionales que pueden resultar “tóxic@s” en su desempeño profesional cotidiano y no son conscientes de ellos. Vaya por delante que todo el mundo podemos ser tóxicos en algún momento; en este caso estamos hablando de una actitud o conducta más o menos reiterada o que se manifiesta en momentos importantes de nuestra actividad profesional.
Una actitud y/o conducta tóxica se percibe a través de una comunicación impulsiva (o, en su caso agresiva), a través de inhibición o la pasividad, “echando balones fuera” ante las complicaciones u obstáculos diarios, con la mentira o la manipulación, con la falta de empatía o escucha, con escasa disciplina ante “normas” comunes, etc.
¿Te sientes identificad@ con algo de lo que hemos mencionado? Dale una vuelta al tema porque, salvo excepciones, todas las personas tenemos el derecho, la obligación y la oportunidad de renovarnos.
Reconozcamos que tod@s queremos personas y profesionales a nuestro lado que tiendan a “remar a favor” antes los retos del día a día personal y profesional. Quedarnos anclados en el pasado no favorece en nada la gestión del cambio ni el avance; profesionalmente todo aquello aprendido ha de saber aprovecharse al máximo y con el tiempo desaprender la parte que se ha quedado obsoleta para dejar paso a nuevos conocimientos y formas de trabajar. Recuerda que el cambio es obligado; el avance es opcional. Tú eliges.